La pesadilla no termina cuando muere un familiar de COVID-19, relató una familia en el Estado de México que relata los problemas emocionales, económicos y estigmas que enfrentan tras la dolorosa partida de se ser querido por el coronavirus.

En entrevista para Animal Político, Fabiola “N” narró que tras el fallecimiento de su hermano por COVID-19, en su casa, a las tres de la madrugada del pasado viernes 24 de abril, personal de una funeraria llegaron a recogerlo vestidos “como astronautas”, con trajes blancos que les cubrían de pies a cabeza, guantes de goma y unas aparatosas máscaras antigás.

Aseguró que su vida y la de su familia cambió para siempre luego de la muerte de su hermano Óscar, de 41 años de edad, quien era chofer de una micro en Atizapán, Estado de México, quien pereció tan solo cuatro días después de enfrentar los primeros síntomas del COVID-19, en casa de su madre.

Como consecuencia de la pandemia, narró que no hubo tiempo para procesar la pérdida, ni para el luto, porque a partir de entonces viven con la “secuela permanente” del miedo a contagiarse, sin empleos por la cuarentena y sin dinero suficiente para pagar una tanatóloga para que ayude a su madre a superar el trance.

Denunció que por si fuera poco, enfrentan además miradas escrutadoras, cuchicheos y el estigma de quienes incluso se cambian de banqueta por la casa donde falleció Óscar.

Fabiola considera que este doloroso proceso únicamente les dejó una familia más unida, a un alto precio.

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